Primer curso de pan en 220º y trufas en La Valdorba

Por fin hemos podido estrenar nuestra escuela… ¡¡qué maravilla!! No las teníamos todas con nosotros, teniendo en cuenta que el viernes por la mañana estaban todos los gremios (sí, todos) ultimando detalles que, al parecer, nunca dejan de ultimarse. Hemos asumido que esto todavía durará un tiempo pero lo más importante es que ¡¡¡¡ya nos hemos estrenado!!!!

Y lo hemos hecho con nuestro primer curso de pan y con Emi, Carlos, Simón, nuestras dos Nurias, Juan Ramón, Enrique, Fermín, Sergio y Lourdes, el grupo más majo con la que una pudiera estrenarse en este espacio. Pese a que nuestra cafetera boicoteó los descansos, aprendimos un montón (no sólo ellos, también yo, que de eso se trata) y también nos divertimos. Nuestros panes blancos con masa madre salieron preciosos y espero que los integrales con pasas y nueces que se llevaron para hornear en casa hayan salido incluso mejor. Fue un estreno estupendo y agradecemos a todo el grupo su energía y su disposición, que alguno podía haberse llevado también el diploma al fregoteo…

Pero cometimos un error imperdonable…. ¡¡no nos sacamos la foto de grupo!! Entre los nervios, las despedidas, pitos y flautas, la cámara se quedó esperando, durmiendo el sueño de los justos… Espero que volvamos a vernos, al menos, para retratarnos.

Pra celebrar nuestro éxito, esta mañana hemos cogido carretera y manta y nos hemos acercado a Orisoain (La Valdorba, Navarra) para asistir a la Feria de la Trufa.

Cartelito

Pese a ser navarrica de pura cepa, desconocía por completo que en mi tierra natal hubiera tal fiebre trufera y tantos productores y recolectores. Reconozco también que este hongo tan curioso no me vuelve loca, lo he probado muchas veces como condimento en algunas comidas (sobre todo guisos y revuletos) y no ha dejado una gran huella en mi.

Sin embargo, ha sido interesante conocer información trufera de primera mano. Este hongo necesita unos nueve meses para formarse y madurar y crece a unos 20 centímetros bajo tierra. Antaño se recolectaba con cerdos y jabalís entrenados como Cochi, la atracción de la feria, que ha venido acompañada de su pequeña rayona:

Cochi, a punto de zamparse la trufa

¡¡Qué monada!!

Pero Cochi y sus congéneres generan un pequeño problema a los recolectores: se comen las trufas, con lo que hay que andar al quite (tontos no son, no) y además destrozan el micelio del hongo, al escarbar con el ocico. Así que los cochinos y jabalíes han sido sustituidos por perros adiestrados, que deben de valer un potosí. También lo valen las propias trufas. Una de éstas, de unos 35 gramos, costaba en la feria algo más de 120€ y, en temporada, superaría los 300€. Para un caprichito, vaya…

La arruga es bella

El mundo trufero ha desarrollado, a partir de este hongo, infinidad de aplicaciones culinarias. Vinagres, aceites, patés, quesos, embutidos, licores… todo manjar admite su toque trufado. No pudimos resistir la tentación, por supuesto, de adquiri alguna vianda, más que nada para reconciliarnos con la trufa y darle una nueva oportunidad. Desde luego, había donde elegir:

Aceites, vinagres, patés…

Todo para iniciarse en el mundo trufero

Licorcillos que no falten

También probamos la degustación de huevo trufado y pastelito de marisco. Muy ricos los dos como aperitivo del mediodía.

A punto de hincarle el diente en plan Cochi

Pecamos como los que más y, por si fuera poco, los llevamos un polvo de boletus edulis que lo llaman harina y que no sólo condimentará guisos, verduritas y tortillas, sino que aromatizará en breve uno de nuestros panes para convertirlo en panazo… Ya se me está haciendo la boca agua…

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