Historia de un acebo, historia de un comienzo

acebo recortada

Siempre me ha parecido que la famosa frase de ‘plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo’ como definición de la vida al completo es un poco (bastante) injusta para quienes no quieren o no tienen oportunidad de hacer alguna o ninguna de las tres cosas. Sin embargo, reconozco que encuentro mucho romanticismo en el acto de plantar un ser vivo como símbolo al que podemos darle el significado que queramos.

Cuando mi abuela Carmen murió todos nos reunimos en Ezprogui, su casa, y plantamos un olivo en su recuerdo, al lado de un nogal que a su vez plantó su marido y mi abuelo Ángel años atrás. Ambos árboles viven allí tan ricamente, disfrutando de sol, de la brisa, de las vistas e imagino que helándose de frío en invierno y mojándose en otoño. Y también me imagino que realmente esos árboles son mis abuelos viviendo una segunda vida en un lugar donde me imagino que les gusta estar.

Sé que últimamente hablo mucho de plantas y de huertos. Supongo que es porque últimamente voy más al campo y vuelve a comprobar lo fascinante que es que de un árbol pelado en invierno vuelvan a salir hojas, yemas, flores y frutos. Este fin de semana hemos visitado el terreno donde nos construimos una casa desde hace… ni sé, ya he perdido la cuenta. Un proyecto por el momento más desesperante que ilusionante, para qué nos vamos a engañar, pero que a buen seguro disfrutaremos a tope una vez haya terminado la travesía por el desierto en la que estamos inmersos.

El caso es que para exorcizar los malos espíritus decidimos plantar un arbusto de acebo, una especie que después he sabido que para los celtas es símbolo de inmortalidad y fertilidad. Dudo que seamos inmortales y no sé si tendremos descendencia, pero lo que sí sé es que la plantación cumplió con su objetivo y provocó que pasáramos la mañana planificando la huerta que algún día tendremos o el lugar donde colocaremos, quién sabe, un horno de leña. En definitiva, que nos echó una mano para recuperar la ilusión.

Me encanta el acebo. Sé que es muy navideño, pero a mí me parece un arbusto elegante y colorido. Y si sirve para que seamos inmortales… :)

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