Danubio en bicicleta: el oculto paraíso panarras

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Queridos y queridas, se nos acabó lo bueno y ya estamos de vuelta. Debe de ser cierto eso de que notas que te haces mayor cuando el tiempo pasa tan rápido… :) Inmersa ya en harinas radiofónicas hasta el 2 de septiembre, a nuestras espaldas quedan cerca de 950 kilómetros a lomos de nuestras bicis y una pequeña parte de dos países, Alemania y Austria, que me ha sorprendido un montón. Como consuelo del fin vacacional, os cuento nuestras andanzas bicicleteras, panarriles y gastronómicas por si alguno se anima a esta aventura.

Para mi era el primer viaje largo en dos ruedas y he de reconocer que me ha encantado y enganchado. También es cierto que el carril bici que recorre el transcurso del Danubio es muy sencillo de seguir y no tiene pérdida alguna (salvo algunas anecdóticas y que surgieron a raíz de un tormentón). Vamos, que puedes ir perfectamente solo o acompañado. ¿Dificultad? En general es una ruta muy asequible, donde la mayor concentración de cuestacas está al principio. Aunque en ellas te acuerdas de todos los dioses, lo cierto es que te dan vidilla y a veces hasta las echas de menos cuando te toca alguna etapa demasiado llana. Y no olvidemos que todo lo que sube, baja, y los descensos molan cuando tienes las piernas molidas!!

Pero, sin duda, lo mejor de todo es la fantástica sensación de atravesar pedaleando bosques, campos de trigo y maíz, riberas llenas de vegetación, pueblecitos de cuento, prados y más prados, campos llenos de flores… Pararte donde te apetece, tumbarte en mitad de un pasto verde del abuelo de Heidi, darte un bañito en el Danubio, tomarte una weißbier (cerveza de trigo… ¡adicción es lo que tengo!) en la plaza medieval de un pueblo… La dulce independencia que ofrecen las vacaciones respecto a la rutina, unida a la emoción de todo lo bueno que te espera. Y dentro de ese abanico de cosas buenas, para una friki como la que suscribe estaba todo un oculto paraíso panarras esperando pacientemente, que se fue descubriendo desde las panaderías de las áreas de servicio en las autopistas francesas (impresionante) hasta el respeto a todo lo que representa la cultura del pan en Francia, Alemania y Austria. Porque al margen de variedades, cereales, tamaños e ingredientes, de sabores y elaboraciones más naturales o industriales, si algo tienen en común estos países hacia el pan es respeto.

Si os apetece, os invito a llevaros de paseo por el Danubio panadero a través de este blog. Nuestra próxima parada nos llevará hasta la preciosa ciudad de Ulm, que merece la pena por mil cosas, entre ellas, el Museum Der Brotkultur, el Museo de la Cultura del Pan.

Deja un comentario

Nombre*

Correo electrónico* (no publicado)

Web


*