Zurich, desterrando tópicos

fresita

El miércoles nos esperaba una completa ruta de chocolaterías, panaderías y pastelerías que nos recomendaron en la escuela Richemont. Atrás quedaba la experiencia de un curso intensivo en una escuela de lujo, donde los alumnos practicaban sus conocimientos de cara al público en un meticuloso esquema de formación. Por cierto, ¿os he hablado de los desayunos previos al curso? Los panes y pasteles que se ofrecen en el gastretto de la escuela son elaborados por los alumnos. Y una piensa lo que le queda por aprender cuando no podía despegar la nariz de las vitrinas de bollería y panecillos y cerraba los ojos extasiada con el primer mordisco del croissant. Vamos, que habrá quien haya flipado con la cara de canela que se me ponía… :)

El desayuno
Uno de los postres de la comida…

La bici fue nuestra aliada en Zurich, plagado de bidegorris y de conductores que respetaban tu paso en un caos de tráfico, tranvía y tren (para que luego digan…). Lo de los tópicos es algo inveitable cuando uno viaja a otro país. Y que se desmonten esas ideas preconcebidas forma parte del encanto de visitarlos. A veces, los tópicos tienen algo de cierto. Por ejemplo, se habla de Suiza como un país donde todo es carísimo. Y doy fe de que eso es totalmente cierto, como lo es la concentración de cochazos tipo Ferrari por metro cuadrado :) Sin embargo, también se dice que los suizos son como ermitaños que nunca salen por ahí. Y os aseguro que eso debe de ser en otras ciudades a las que yo he visitado, porque tanto en Lucerna como en Zurich, los alegres suizos tomaban copas y cervezas al aire libre hasta altas horas de la noche como si fueran del mismo Alicante, por poner un ejemplo.

Tanto en Lucerna como en Zurich visitamos varios locales: Bachmann, SteinerHonold, la mencionada Sprüngli, Gnädinger y la rimbombante Teuscher. Una de las cosas que comenté en la entrada anterior fue el hecho de que los profesionales artesanos habían tenido que espabilar ante los nuevos hábitos de consumo de los suizos. Esto les lleva a vender también ensaladas, canapés, bocadillos… Y precisamente eso fue algo que me chocó en algunos de estos lugares.

En general, todos tienen una decoración impecable, incluso en algunas chocolaterías hay personas elaborando bombones a la vista de los clientes. El packaging, la presentación, la disposición de los productos, los uniformes de los empleados… Todo te conduce hacia la sensación de estar en un sitio donde tu compra va a merecer la pena. Pero confieso que el encontrarme en este entorno de ensueño una cámara llena de ensaladas y helados envasados en plástico o canapés cubiertos con una poco apetecible gelatina (entiendo que para conservarlos) a mi me reducía la cota de encanto unos cuantos puntos. Qué le voy a hacer… Y también tenemos el otro extremo: que tan rococó es la decoración que te da hasta miedo atreverte a comprar algo :)

Confitería Teuscher: empacho de florecillas

Otra de las cosas que me sorprendió en este sentido fue que en algunas chocolaterías donde las trufas costaban la friolera de 170€ el kilo vendieran Milka y Toblerone tan ricamente. Supongo que es una forma de abarcar a todos los clientes (entre otros, cientos de turistas) que se acercan a tu tienda. Pero me chirría el ver junto a una bolsita de bombones a 35€ un Toblerone tamaño gigante…

Las panaderías a las que fuimos fueron un verdadero cuento de hadas para mis impresionables y panarriles pupilas. Unos panazos de pasarela se mostraban en distintas variedades como si la baguette de supermercado a la que aquí estamos habituados no hubiera pisado jamás aquellos estantes de madera (aunque imagino que de todo habrá). Por cierto, que en la misma estación central de Zurich nos dio la bienvenida un inesperado mercadillo con puestos de pan, dulces, quesos, mostazas, embutidos, encurtidos, panes ecológicos… Un sueño hecho realidad en un lugar como una estación que habitualmente relacionamos con la incomodidad del estar de paso.

El tío Klaus vendiendo pan :)

Otras cosas que me llamaron la atención forman parte de la idiosincrasia del viaje. Por ejemplo, en Suiza a partir de medianoche no se puede beber alcohol en la calle. Muchas bicis tienen el candado incorporado, de tal forma que si a alguien se le ocurre mangártela tendrá que llevarse la bici entera en volandas. Muchas personas, además de hablar idiomas como inglés, francés e italiano (quizá lo lógico en un país que linda con otros tantos) hablan un perfectísimo castellano, un detalle a tener en cuenta para aquellos a quienes les gusta hacer comentarios sobre la persona que tienen delante pensando que no les va a entender… :)  En Zurich y Lucerna hay más tiendas de relojes y marcas de joyería, moda y bolsos que en la Quinta Avenida, con precios que tranquilamente rondan desde los 5.000€ a lo que queráis imaginaros… Un pupurrí de las cosas que me acuerdo y muchas que me dejo en el tintero.

El ejemplo del mercadillo me hace pensar que a veces las cosas son más sencillas de lo que parecen. Es decir, que el hall de una estación puede ser un lugar perfecto para vender buen producto (algo similar ocurría en Union Station en Washington DC). Y los lugares que estos ojitos han visto también me animan a creer que una panadería y pastelería de calidad, con procesos de elaboración más naturales, menos agresivos con el producto, son posibles. Por no hablar de que la elaboración con materias primas ecológicas y su consumo diario también lo son. Estoy convencida de que los 40 panaderos y pasteleros que han ido a Suiza lo han hecho porque saben que algo está cambiando y quieren sumarse a ese cambio. El cuándo y el cómo también dependerá de nosotros, los clientes, quienes tenemos derecho a exigir pero mucho que aprender.

2 Respuestas a Zurich, desterrando tópicos

  1. Gracias por esta lectura tan divertida, atractiva y entretenida. Me encanta suiza y viajar, estoy de acuerdo que aun nos queda mucho por aprender, pero lo mismo les ocurre a las “otras” personas cuando vienen a visitarnos.
    En concreto tengo un amigo de suiza que disfruta de lo lindo cada vez que se deja caer por Vitoria y alrededores.
    Te animo a que sigas prporcinandonos lecturas como esta.
    Un afectuoso saludo,
    Rocio.

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