Un trocito de Italia en Lanzarote

Tenía pendiente publicar este post desde hacía tiempo pero, como siempre, la vorágine del día a día, el pluriempleo y las fiestas de La Blanca se interpusieron en mi camino. Por fin he sacado un ratito para descargar las fotos (pido disculpas de antemano por la mala calidad de las mismas; era la primera vez que utilizaba el móvil para sacar fotos y he de confesar que debería practicar más… :) ) y evocar el descubrimiento que hicimos en nuestro último día de vacaciones lanzaroteñas: la maravillosa panadería Il Buongusto.
Con la maleta hecha y la pena acechando por la vuelta, decidimos acercarnos a esta cafetería-panadería ubicada en la calle Reina Sofía 42 que descubrimos el primer día cerquita de los apartamentos, donde el amable trato al cliente marcaba la diferencia, la verdad… Mientras estaba degustando una palmera de cereales, me fijo en una batidora a pleno rendimiento. Le pregunto al camarero, ataviado con uniforme de obrador, “¿tenéis obrador?”. Y Nicola, que así se llama el camarero-panadero, me responde con orgullo “todo lo que tenemos a la venta lo hacemos nosotros mismos”.
Y entonces fue como si mi vena panarra saliera de su letargo playero y resurgiera cual ave Fénix con la espontaneidad y alegría de la niña pequeña que llevo dentro. Por un momento fui consciente de que se me atropellaban las palabras cuando intentaba explicarle al bueno de Nicola que doy cursos de pan y que tengo una escuelita en Vitoria. Lo mejor fe cuando me contesta con la nariz arrugada “¿Tú? ¿Tú das clases de pan?”. Obviamente, mi orgullo panarras mezclado con mi carácter navarro me levantaron de la silla de la terraza como un resorte y allí me puse a charlar con Nicola sobre masas madre, panecillos, bollos y horneados óptimos.
Nicola me contó que nació en Torino y se fue a vivir al norte de Italia. Allí tenía una panadería con varios empleados, que tuvo que cerrar al cabo de los años por la presión de los impuestos. Hizo las maletas y se vino a Lanzarote, donde decidió que una panadería con un obrador mirando al mar nunca podría ir mal (afirmación que suscribo!). Y allí sigue, conociendo el clima, levando panes en un pis pas y horneando todas las formas imaginables, bollería, focaccia, tartas… El resultado, bollitos de pan crujientes por fuera y suaves por dentro, croissants esponjosos y palmeras hojaldradas, con el toque que sólo el inevitable calor de Lanzarote puede dar al producto final.
Si ya nos parecieron majos el primer día que les visitamos (es un lujo que en un sitio como Puerto del Carmen los camareros se esfuercen por hablar tu idioma y hasta te saluden cuando te ven pasar por la calle!), después de la visita guiada a su mini-obrador y de la charleta que mantuvimos con ellos, el Buongusto se ha convertido en mi recomendación si alguien va a parar a este hervidero turístico.
La vida nunca deja de sorprenderte. Nicola nos regaló bollitos y focaccia para nuestro largo viaje, me propusieron intercambio de alumnos y me ofrecí gustosa a pasar allí un mesecito sin necesidad de remuneración, aprendiendo los secretos de las masas italianas. Sobre todo cuando descubrí que él y yo éramos almas gemelas con nuestros problemas con el pandoro!!

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