Turris y el obrador encantado

Lo prometido es deuda. Y mi fin de semana en Barcelona ha sido maravilloso :) Barcelona impacta por muchos motivos. La belleza arquitectónica es uno de ellos, pero casi me atrevería a decir que ese carácter cosmopolita, afrancesado y mediterráneo ha sido lo que me ha enamorado por completo. Obviamente, es cuestión de gustos. Pero para una urbanita de las ciudades grandes como yo que pocas veces ha vivido realmente en una de ellas, Barcelona es la candidata perfecta para encandilar mis pupilas.

Iré desgranando los descubrimientos barceloneses en distintas entradas pero voy a dedicar este post a uno de los lugares que me encantaron porque tocó las teclas adecuadas de mi pasión por amasar: la panadería que Turris abre en la calle Gran de Gracia 34, uno de los cuatro obradores de Xavier Barriga en Barcelona y alrededores.

Conocí a Xavier brevemente hace unos meses en un curso al que me colé invitada por Txema Pascual (Artepan). Dicen que las primeras impresiones son las que quedan y, aunque no siempre es cierto, me pareció un panadero comprometido, sensible con la profesión y muy detallista. Y todas estas virtudes me las encontré en el pequeño local que abre sus puertas próximo al Paseo de Gracia. Aunque no pude estar con él, sí tuve la oportunidad de asomar la nariz al obrador, que para esas horas ya había cumplido el deber de hornear decenas de clases de panes.

Los obradores de pan tienen muchas cosas que me gustan; sonará cursi, pero diría que hasta tienen un punto mágico. Aunque los visites cuando están descansando, inevitablemente todos sus rincones te susurran sobre su actividad frenética horas atrás, donde cada persona tiene su papel y cada ingrediente su lugar en el proceso. De todas esas cosas, me quedo con el color blanco presente desde la harina hasta los uniformes de los trabajadores, mezclado con el olor a pan recién horneado. Y el vistazo a este obrador de Turris fue la composición armoniosa de todo esto en mi cabeza de panadera aficionada, coronada por el protagonismo de la masa madre. Supongo que debía tener una pinta de freak interesante, fotografiando todo lo que veía a mi alrededor. Sin embargo, para mí es inmediato el tener una sensación hogareña en lugares como éste, por ajenos que sean a mi entorno.

A las puertas del obrador, la tienda bullía de clientela. Y, si uno visita Turris, no puede irse con las manos vacías. No fue pan lo que compramos, sino un croissant de cereales y una palmera. Simplemente deliciosos. Crujientes, aromáticos y con un sabor que confirma lo que ya sabía: la vida es mejor con una buena mantequilla :)

Panes de distintos tipos, especialidades para cada día, bollería, hojaldre, pastas… Un paraíso en el centro de Barcelona. Y, sobre todo, un concepto de tienda y negocio donde la atención al cliente de verdad importa y donde todo está en su sitio, a la vista y pidiéndote que te lo lleves a casa. Hasta cuentan con una maquinita para cortar panes y hogazas en rodajas. Sólo por  poder comprar esos panazos me permití soñar durante el fin de semana que tenía un pisito cerca de Gran de Gracia…

Desde aquí, muchas gracias Xavier :)

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